José Luis Figuereo Franco
nace en el barrio más flamenco de Cádiz;
el típico barrio de Santa María en junio
de 1970 en una Casa de vecinos de la calle Botica
número 29. Creció bajo la tutela de
la peña flamenca La Perla de Cai, empieza a
hacer sus Pinitos con nueve años al son de
una guitarra sin acordes.
Con 14 años coge su guitarra
y su maleta y se va al mundo de los tablaos de Córdoba
y Madrid –tirando y pasando estreches- Acompañando
a cantaores como Juana la del Revuelo y ya con 18
años a figuras del baile como Antonio Canales
y Sara Varas en la Venta del Gato.
“Las penas
de los tablaos son las que te cultivan para expresarte
como artista” (El barrio)
Cansado de ser guitarrista
y animado por su primo Diego Magallanes manda una maqueta
a la casa discográfica sevillana “Senador”.
Dice él que cuando le llaman le entra un ataque
de pánico y decide ponerse a trabajar como un
hombre.
Empieza un cursillo como soldador en los astilleros
que abandona cuando se da cuenta que lo suyo es ser
artista.
Se rebautiza como EL BARRIO –nombre acortado de
su lugar de origen y emprende una carrera donde se dan
la mano el flamenco, la creación personal y el
rock andaluz teniendo como fuentes de inspiración
grupos andaluces como Triana, Medina Azahara y Alameda,
a flamencos como Manolo Caracol y sobre todo siente
una gran admiración por el maestro Paco de Lucia.
El Barrio
es un artista vanguardista e innovador. Su voz tiene
un eco profundo y distinto siendo un virtuoso de la
garganta de la que conoce todos sus secretos. Está
considerado un poeta urbano del siglo XXI por sus seguidores
que llenan cada uno de sus conciertos.
Sus composiciones tienen
sabor andaluz y gaditano y nos hablan del amor, del
desamor , del barrio que lo vio nacer y de cosas cotidianas
con las que te sentirás identificado. El Barrio bebe de lo antiguo y suena
moderno.
“Mi música
suena flamenco porque yo soy flamenco” (El Barrio)
El Barrio
es, para quien lo quiera escuchar, un apóstol
del Nuevo Flamenco. Su buena nueva consiste en beber
de lo antiguo y sonar moderno. Y el Barrio suena flamenco
desde el primer día. El oyente entenderá
a los elegidos de las artes que de tarde en tarde se
vienen al mundo a compartir generosamente su sabiduría.
Y es que estamos ante uno de los artistas más
completos de la Andalucía del nuevo milenio.
José Luis Figuereo no es solo un interprete de
canciones, un compositor, un poeta o un cantautor a
la vieja usanza. Puede destacar, y destaca, en cada
una de esas facetas pero se hace más grande en
el equilibrio con el que ha conseguido desarrollar todas
ellas al unísono.
Cádiz es, hoy
por hoy, la mayor cantera de talento musical de España.
Es evidente que lo que allí se hace se parece
entre sí y, a la vez, tiene una personalidad
diferente de lo que se hace fuera. El influjo del mar,
la luz, el levante, el vino, la sierra, y sobre todo,
su transcendencia en la historia del flamenco han convertido
su música en la fuente del deseo.
El Flamenco ha cambiado
mucho. Las voces ya no saben a sangre cuando entonan.
El cante del hambre, los señoríos, el
café del cantante, la dictadura, la Andalucía
explotada y la emigración ha entrado en el siglo
XXI como una gran cultura con millones de discos vendidos,
ropa de moda, estudios universitarios y el mundo entero
preguntándose que haríamos después
de Camarón.
En medio de este dilema
nace El Barrio, José Luis Figuereo
es pieza fundamental de una revolución emprendida
por una generación de jóvenes que reivindican
la tradición musical andaluza desde la libertad
de creación y la ansiedad por aprender de otras
culturas, es decir, desde la fusión la propuesta
es vanguardismo y tradición. Como precedente
de esta revolución esta la guitarra de Paco de
Lucía. Como el de Algeciras, El Barrio también
empezó como guitarra pero, como Camarón
en las grandes ocasiones, no la soltó para cantar.
Como poeta, es una
especie de “sabina” del flamenco. Aunque
no cuenta historias concretas, es fácil verse
reflejado en una de sus letras. Todo seguidor de El
Barrio tiene una canción que parece
que está escrita para él. Sus contenidos
definen un flamenco más urbano y menos rural,
describe conceptos frente a situaciones y priman los
sentimientos, no el sentimentalismo. Su lenguaje es
formal, lírico pero moderno, cargado de expresiones
populares, juveniles y del caló cuando es necesario.
Como interprete, su
voz tiene un eco profundo y distinto, memoria de las
grandes figuras del cante. Sus tonos, remates y requiebros
vocales son un prodigio de melodía y afinación
que tienen tanta personalidad como los de la Perla,
Cái y Camarón. El Barrio navega por su
música con la técnica de un virtuoso de
la garganta, de la que conoce todos los secretos.
Como músico,
sus composiciones tienen identidad andaluza-gaditana.
Su música es del sur y ofrece las mejores influencias
del flamenco y del cante andaluz. El Barrio
es dueño de la herencia del compás de
su barrio de Santa María. Maneja las claves,
los tercios originales del cante, los domina en el espacio
y en el tiempo, los sostiene a su antojo, los acorta
a contratiempo y los pinta en el aire hasta hacer que
los pies de audiencia se muevan solitos.
Su poesía recuerda
a la generación del 98, desde el Alberti más
surrealista, al Lorca más gitano, pasando por
el Miguel Hernández más apasionado. El
amor es el eje y motor de su vida, el desamor como tortura
y sentimiento trágico, la muerte, el destino,
la música, la cultura y las tradiciones de su
tierra son los temas centrales de las canciones de El
Barrio.
José Luis Figuereo
siente admiración por los versos populares de
las coplas y el romancero andaluz, y mientras busca
nuevas formulas poéticas desde la principal de
la metáfora, habla del amor como el mayor enamorado
y del desamor como el hombre más herido de todos
los tiempos.
Poeta urbano
del siglo XXI para sus seguidores, José Luis
Figuereo, Selu, El Barrio, que siempre
sale a escena con un sombrero negro, ha sabido conectar
con un publico joven al que le gusta el flamenco.